robos-varios-publicar Fotos: Alfonsina C.C., Andrés Medrano, María P.M, José P.M.

Hace poco más de un mes escribía un artículo aquí mismo, titulado -en forma de pregunta- ¿Rubí, ciudad insegura? Era una especie de pensamiento en voz alta, seguramente el mismo que tendrían muchos vecinos de éste municipio, y que a la vista de los acontecimientos se va transformando en una afirmación preocupante.

¿Qué está ocurriendo ahora mismo en nuestra ciudad? La situación está tomando niveles de alarma social, porque ya es más que evidente que nos encontramos en un momento “fuera de lo normal”, o al menos así lo percibimos los ciudadanos. Y no entraré en cuestiones de estadísticas, porque cualquiera que haya sido víctima de un robo o delito de especie alguna, sabe que por diferentes motivos no necesariamente reflejan la “realidad de la calle”, esa que sufren en silencio muchas personas.

Pero centrándonos en el problema, esto no es nuevo, lo que vemos hoy viene ocurriendo desde hace mucho tiempo en todo el país, y evidentemente Rubí no escapa a esa realidad. Pero también es cierto que en momentos puntuales como el actual, el tema se agrava, y ocupa más espacio en todos los ámbitos. Sobre todo en la mente de los vecinos… una preocupación adicional, un problema que les afecta directamente, y ante el que se sienten indefensos.

Es en éstos momentos cuando el ciudadano espera respuestas de sus gobernantes, tanto a nivel local, como autonómico y nacional si fuere el caso (y lo eso). La seguridad es uno de los pilares de la sociedad, pero en muchos casos por diferentes motivos parece no asignársele la importancia que tiene, y luego ocurre lo que ocurre.

Al mismo tiempo, también debemos hacer un ejercicio de autocrítica y ver qué parte nos toca en el problema. Quejarse es muy fácil, pero el primer paso en momentos como el actual, es tomar las precauciones del caso, y no propiciar las condiciones que favorecen los delitos, o el incivismo. ¿Quién no ha visto a algún vecino dejar abierto el portal de su edificio mil veces, -incluso noches enteras- o el portón del garaje sin cerrar, dejar cosas de valor a la vista en un coche aparcado, y tantas otras variantes de “imprudencia”, con la equivocada percepción de que “las cosas les ocurren a los demás”. Y es cierto… porque “los demás”, piensan lo mismo.

De ninguna forma pretendemos decir que el momento que se vive es culpa de las personas de bien, nada más alejado de la realidad, pero es de rigor puntualizar que en unos cuantos casos, “la gente se lo busca”. Pero volvamos al punto en el que todos ponemos nuestra miradas, ¿qué ocurre con las autoridades del caso? Es allí a donde se dirigen normalmente todas las críticas y seguro así debe ser, porque en la sociedad actual cada uno tiene su rol, y bien que se justifica ese argumento a la hora de “recaudar por la causa”.

¿Acaso ya no saben hacer su tarea, no quieren hacerla, existe desidia o incapacidad? Seguramente la respuesta será negativa en todos los casos, porque en ninguna “cabeza” cabe que una ciudad, autonomía o un país, no quiera proteger a quienes con sus impuestos y votos, “firman” los contratos laborales de sus representados. La cuestión básicamente –imagino- ha de pasar por un tema puntual de “demanda” y gestión.

Llevar adelante una ciudad de 75.000 habitantes parece más sencillo de lo que en realidad es, por tanto aun estando “en todo nuestro derecho”, debemos tener algo de “paciencia”. Porque -al menos en lo personal-, no me queda la más mínima duda de que el malestar de los rubinenses ha llegado a quien debe llegar, y no tardará en comprobarse una respuesta adecuada las circunstancias. Mientras tanto, seguiremos observando el devenir de los acontecimientos, pero dispuestos a hacernos oír si fuera necesario, porque cuando el tema nos toca de cerca, somos contribuyentes en acción.