Acabamos de despedir el 2016, un año muy intenso en muchos aspectos, pero sobre todo en política y de la más cercana, la “de casa”, la que marca el día a día de los que vivimos en Rubí.

Un año da para mucho y el pasado ha sido largo y complicado. Sobre todo, para digerir el pobre “espectáculo” que se le ha brindado al votante desde todas las agrupaciones políticas de nuestra ciudad, donde el nivel de crispación ha ido creciendo hasta alcanzar su clímax en un momento en que normalmente la gente está más propensa a paz y amor, que a luchas de poder “ajenas” disfrazadas de patriotismo del bueno.

A nadie escapan los hechos acaecidos y que solo son “una gota más” que derrama el vaso del ciudadano de a pie, ese que tiene muy claro cómo han de ser las cosas, y cómo sus representantes las llevan a cabo (o no). Y es que en ocasiones, hasta ha dado vergüenza ajena la forma en que se han tratado públicamente algunos temas. Interacciones más propias de patio de colegio, que de personas supuestamente serias al servicio de la ciudadanía y la ciudad. Representantes remunerados de forma “más que decorosa”, con actitudes que en una empresa privada no durarían dos días.

Juegos de poder, en la obra de teatro de nuestras vidas, donde los actores principales no han dado la talla en ningún momento y los de “reparto” han hecho eso, repartirse el protagonismo para cambiando de disfraz en cada escena, conseguir asestar un golpe que cambiara el sentido de la disputa, intentando llevar a la lona al contrincante de turno.

Hemos asistido forzosamente a una “obra” desordenada con ataques despiadados y fuego cruzado, en el que hasta los meros espectadores se han visto involucrados en la refriega, simplemente al pasar por allí, o por el solo hecho de haber simpatizado en su momento con algún protagonista.

Dicen que el tiempo todo lo cura pero hay cosas que ni el tiempo es capaz de solucionar, sobre todo, cuando el ser humano se propone conspirar contra lo que debería ser norma, afanándose para transformar la excepción en regla, uso y costumbre. Somos muchos los que no aprobamos lo que estamos viendo, incluso desde nuestro sitio como espectadores, porque no solo es lo que ocurre, es cómo ocurre, cómo se trata y cómo se cuenta.

A veces estar tan dentro de la “obra” hace perder perspectiva de lo que acontece “fuera”, allí donde están los que cada cuatro años te “renuevan el contrato”. La plantilla es extensa, los jefes se lo están mirando y puede que haya nuevos valores que merezcan una oportunidad. Quizá alguno de ellos escriba a los Reyes Magos estos días, en busca de cambios para 2019. El río suena… habla de inconformismos, escisiones en partidos, cambios en otros, y quizá lo más esperanzador, de algún grupo nuevo que con un planteamiento básicamente local, buscará demostrar que de verdad aun hay espacio para hacer las cosas, como muchos esperan que sean hechas.

Suerte con los Reyes!!