Rubí, y casi ninguna ciudad, escapan hoy de la falta de civismo y de esas pintadas indeseables con las que algunos marcan presencia, poder, muestran territorio “conquistado”, o quizá hasta sean vehículo de mensajes que algunos no acabamos de comprender. Al punto de que… incluso habrá quien lo simplifique todo a muestras narcisistas, de artistas frustrados.

Nos hemos acostumbrado a convivir con ellas, las hemos, y las “han” tolerado. Ya somos incluso incapaces de imaginar ciertos sitios de Rubí, si ellas. Es que algunas han visto nacer, crecer, graduarse, y quizá hasta casarse a más de un rubinense. Están tan arraigadas a nuestra historia, que ante la incapacidad de cambiar esa realidad desde ciertas esferas, no me extrañaría que alguien planteara considerarlas patrimonio cultural de la ciudad.

Pero… ¿es acaso importante dar solución a esto de las pintadas incívicas? Seguro habrá quien ni se lo haya cuestionado, por eso es bueno saber que ese y cualquier tipo de incivismo, influye en nuestras vidas mucho más de lo que cualquiera podría pensar.

Imaginemos un barrio bonito, donde todos quieren vivir, donde los precios de las viviendas es el adecuado, donde la gente camina con seguridad por las calles, donde los emprendedores e inversores quieren invertir, donde la oferta comercial es variada, donde conseguir un buen trabajo al lado de casa es posible, donde los espacios son de todos, y la felicidad se respira en el aire. No es una utopía, es lo normal si nos lo proponemos, pero jamás se podrá conseguir donde reine el incivismo, y se convierta en dictadura, porque lo destruirá todo, y conseguirá exactamente lo opuesto, a lo que la gran mayoría de la gente quiere para sí mismo, y su entorno.

Un proyecto de vida, como una pared, barrio, o ciudad, no pueden construirse sin comenzar por el “primer ladrillo”. Ese, al que tendrán que seguir muchos otros para consolidar la obra, hacerla fuerte, estable, y duradera. El incivismo no es un “ladrillo” útil para construir nada positivo, y si lo tenemos en nuestro entorno, la obra no será segura para nadie. Es imperioso dejarlo de lado, si queremos conseguir los objetivos a los que nadie en su sano juicio querría renunciar.

Una pintada incívica es un enemigo silencioso, un conspirador, la génesis de problemas mayores y no “hace pared”. Lo destruye todo… valores, paz social, seguridad, economía, y tantas otras cosas, pero por sobre todo, los mas importante… acaba definitivamente con los sueños y proyectos de vida de las personas que no luchan por defender, lo que se merecen como contribuyentes.

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